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LLORONA, PERO CHINGONA

Tal vez más de alguna ocasión te has quedado con el nudo en la garganta por vergüenza a llorar, y no te culpo porque en general se nos ha dicho desde que estamos chiquitas que llorar no es bueno, que nos hace ver débiles, que no vale la pena etc.

Llorar nos causa conflicto a todas, y no es por los ojos rojos, la nariz de Rodolfo o los mocos que nos corren, a final de cuentas es lo que menos importa (a menos que estés frente a tu crush), el conflicto principal sobre mostrar o aceptar el llanto se debe a que nos vuelve totalmente vulnerables.

Y como diría mi querida Brené Brown, sentirse vulnerable es como estar desnuda emocionalmente, nadie quiere ir por la vida desnuda para que vean sus “imperfecciones” y sea vuelva un blanco fácil de la crítica, burla o el rechazo.

Durante mucho tiempo en mi adolescencia y juventud, traté de ocultar el hecho de que soy una llorona de hueso colorado, me avergonzaba el hecho de que las personas me vieran como alguien débil, en especial los chicos, no me gustaba ser una presa fácil de conquistar, así que hice lo mejor que una tortuga puede hacer, encerrarme en mi caparazón y ocultar mi lado sensible por muchos años.

Fue hasta mi edad de joven adulta (un poco más sabia) que acepté que soy una llorona, y hasta hace poco menos de un año que empecé a ver el lado bueno de ello. Es una cualidad muy ligada a la sensibilidad, y esta se relaciona con la creatividad, la introspección, conexión con los sentimientos, a la empatía con las demás personas y a la liberación de nuestras emociones, así fue como comencé a dejar de sentir vergüenza y valorar mis lágrimas de cocodrilo.

Aprender a no subestimar el llanto o nuestra parte sensible es complicado, en especial una época en la que estamos desconectadas de nuestra parte interior, buscamos anestesiar las emociones con experiencias externas, pero precisamente la relación que hay entre el llanto y en interior es lo que hace que esto sea importante, porque nos obliga a realizar una introspección con nuestras emociones, a entender que nos duele, que nos enoja y que nos hace feliz.

No me refiero a vivir la vida llorando en todos lados, porque acuérdate que hay un balance. Pero me refiero al hecho de no dejar contener las ganas de llorar, si estás en tu casa puedes hacerlo y si quieres hasta grita.

Aprovecha la emoción para encontrarte con tus sentimientos y entender que es lo que pasa, si sientes que estás ultra sensible y necesitas sacar toda esa emoción de alguna otra forma dibuja, escribe, canta o baila, no importa cómo lo hagas, sacar todo de una forma creativa ayudará a que te liberes de muchos dolores o incluso regocijarte de felicidad.

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