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¿POR QUÉ NOS RESISTIMOS A LOS CAMBIOS?

Cuando nos hablan de cambios, a casi todas las personas nos ronda una pequeña sensación de incomodad o de incertidumbre sobre lo que se avecina, y es que no es fácil aceptar el hecho de que las cosas no serán a como estamos acostumbradas o como pensamos que nos hacen feliz. Simplemente ayer, a mi esposo y a mí, nos movieron una parte de la sección de verduras en el supermercado al que siempre vamos, y eso nos generó un poco de incomodidad, porque debíamos buscar, había un tumulto de gente buscando lo mismo, llevábamos prisa y teníamos hambre, (una combinación cero recomendable para ir al súper).

No sé tú, pero por lo menos yo, durante mi vida en varias (o muchas) ocasiones me he encontrado aferrada a ciertos círculos sociales, relaciones, hábitos pocos sanos o trabajos en donde muy dentro de mí, sabía que ya no pertenecía ni me hacían feliz, pero por alguna extraña razón prefería hacerme oídos sordos, ojos ciegos y tragarme la incomodidad, con tal de no tenerme que enfrentar a un proceso de cambio, ¿te suena familiar?

Y no es que crea que los cambios son malos, si no, ¡TODO LO CONTRARIO!, he aprendido que cada cambio es un proceso de evolución, en circunstancias y situaciones de nuestra vida, aunque a veces aparenten ser procesos terroríficos, siempre, siempre de alguna u otra forma nos hacen más fuertes y más valientes.

Pero entonces, ¿porque si estamos en situaciones que ya no son para nosotras, con personas que no nos hacen feliz, y aun sabiendo que los cambios no son del todo malos? seguimos aferrándonos a esas cosas como si fueran el santo grial de nuestras vidas, ¿qué hay detrás de ese discurso de, “más vale malo conocido, qué bueno por conocer”?

Fácil, rápido y sin titubear, lo que existe detrás de esta resistencia se llama “MIEDO”, si bendita palabra que está detrás de cada limitante en nuestras vidas.

Aunque existen miles de millones de miedos, (algunos más absurdos que otros), y a pesar de ¡gracias!, no los tenemos todos juntos, el miedo al cambio es algo que casi todas las personas compartimos, es como parte de la familia de la humanidad, el bastardo que nos impide terminar con la relación tóxica, que nos hace mantiene en ese trabajo mediocre y el que también nos hace seguir frecuentando a personas que ya no aportan valor a nuestras vidas.

Y es que simplemente, nos paraliza el hecho de no tener una bola mágica para saber que existe más allá del, ¡ya no quiero seguir contigo!, ¡renuncio! o, ¡no gracias ya tengo plan con otros amigos!

La mayoría de las veces nuestra gran y maravillosa mente se adelanta a cualquier pronóstico, y ella solita saca sus conclusiones, ¿qué tal si corto la relación y me quedo sola toda la vida?, ¿qué tal si no me va bien en mi emprendimiento o no consigo el trabajo que deseo y debo conformarme con algo peor de lo que tenía? o tal vez si dejo de salir con esas personas ya no tendré vida social, me convertiré en una ermitaña, aburrida sin amigos y sin fotos para compartir en redes sociales, ¡qué horror!

Los pronósticos que nuestra mente pueda sacar por miedo al cambio, no es algo que ni tu ni yo podamos evitar, simplemente porque los miedos son instintivos y están encarnados en nuestro ADN como método de supervivencia, pero podemos aprender a hacerlos chiquitos y controlarlos, pensando de forma objetiva y egoísta, anteponiendo nuestra felicidad y bienestar, porque honestamente nadie vendrá a traernos la vida feliz que soñamos. Eso, es algo que se construye desde nosotras (en contra de cualquier pronóstico de la mente). Si ves complicado el cambio de inmediato, traza un plan a corto plazo, objetivo y egoísta para salir del punto en el que estás que no te hace feliz, y si el cambio llega repentinamente analiza lógicamente la situación, observa que trae de bueno para ti y hacía donde te puede llevar.

Suena trillado, pero el cambio es lo único constante en nuestras vidas, los miedos no te servirán (más que para correr lo más rápido en caso de que un día te encuentres con un oso).

No te resistas a una vida llena de color y plena por miedo e incertidumbre.

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